El Juez Marco Hernández conta sus bendiciones desde la banca

by Melanie Davis
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Judge Marco Hernández
Julie Cortez Reportera de El Hispanic News Después de haber sido nominado por dos presidentes de los EE.UU., el Honorable Marco Hernández fue confirmado en febrero como juez federal del tribunal del distrito, el pináculo de una carrera en la cual podría no haberse embarcado si no hubiera regresado a su hogar por medio de autostop desde una entrevista de trabajo para un puesto de empleado de limpieza a finales de la década de 1970. Habiendo nacido en Nogales, Arizona, pero criado en el área de Los Ãngeles, Hernández se mudó a Oregón después de haberse graduado de la escuela secundaria, no porque tenía la ambición de asistir a la universidad ni porque tenía prospectos de empleos, sino porque tenía un amigo que vivía aquí y ya no tenía ganas de quedarse en el área del sur de California. Una vez en Oregón, él consiguió una serie de “pequeños empleos que duraban una semana†antes de trabajar por cerca de un año como lavaplatos en un hogar de ancianos en Beaverton. “Cuando tenía 18 años de edad, no sabía si iría a la universidad. No estaba pensando de esa maneraâ€, recuerda él. “Estaba completamente feliz lavando platos y perdiendo el tiempoâ€. Después de renunciar a su trabajo de lavaplatos, Hernández se enteró que Tektronix estaba contratando, y viajó por autobús desde su hogar en Hillsboro hasta la sede de la compañía en Beaverton, donde descubrió que estaban buscando empleados de limpieza. Una nueva dirección Él decidió regresar a su hogar desde la entrevista por medio de autostop y fue recogido por Janet Freeman, que trabajaba en el Distrito Escolar de Hillsboro y luego le diría a Hernández que lo había recogido porque a ella le parecía que él debía haber estado en la escuela. Los dos empezaron a platicar y Hernández le dijo a Freeman que él estaba buscando empleo; ella le dijo que el Centro Cultural en Cornelius estaba buscando a un redactor de solicitudes de subsidios. Hernández le comentó que él sólo tenía un diploma de escuela secundaria. “Ellos estaban buscando a un redactor de solicitudes de subsidios y yo no iba a ser esa personaâ€, dijo él. Pero Freeman de todas maneras lo llevó para que conociera a las personas en el Centro Cultural, y aunque no lo contrataron, sí obtuvo el empleo de empleado de limpieza nocturno en Tektronix, lo cual le dejaba los días libres para trabajar como voluntario en el Centro Cultural. Después de unos meses, le preguntaron a Hernández si estaba interesado en iniciar un programa después de la escuela en el Centro. No sabiendo cómo empezar, pensó en Freeman, sólo recordándose entonces de su primer nombre y que ella trabajaba en la Escuela Secundaria de Hillsboro. Después de haberse reconectado, Freeman le presentó a Hernández a su jefe, que le dijo que la escuela estaba buscando un ayudante de instrucción para su programa de migrantes. Hernández fue contratado rápidamente. “En realidad pagaba menos que el empleo de limpieza en Tektronixâ€, recuerda él. Pero el puesto lo compensó en otras maneras. El tenía la oportunidad de viajar a campos de trabajo y de trabajar con familias para garantizarles éxitos académicos a sus niños. “Me estaban pagando para ayudar a personas y en realidad era muy alegreâ€, dijo Hernández. Un año después de haber empezado ese empleo fue promovido a ayudante de maestros para estudiantes de bajos ingresos bajo el Título I. Poco después, Freeman dejó su puesto de consejera escolar y fue remplazada por Mary Anderson. Cuando Anderson dejó su empleo durante el tercer año de empleo de Hernández, le ofrecieron ese puesto, lo cual él consideró “algo extraño†ya que él aún sólo tenía una educación de escuela secundaria y ambas Freeman y Anderson títulos universitarios. “Yo no estaba preparado para nadaâ€, dijo él, lo cual compartió más tarde cuando conoció a Roberta Hutton, que en ese entonces era una de las superintendentes asistentes del Departamento de Educación de Oregón. Hutton le dijo a Hernández qué él no tendría ningún problema y que las clases nocturnas que él estaba tomando a esa hora en la Portland Community College lo ayudarían. Ella también le dijo que lo enviaría a que tomara capacitación en servicio para que lo ayudara aún más. La siguiente introducción fortuita que Hernández recibiría ocurrió en una de dichas capacitaciones, la cual tuvo lugar en la Western Oregon State College — hoy día la Western Oregon University. Ahí él conoció a Scotty Martínez, que estaba reclutando a estudiantes potenciales que estuvieran interesados en educación bilingüe, y dándoles dinero para una beca. Hernández renunció su empleo y se inscribió en la universidad en 1980, sólo unos pocos años después de haber conocido a Freeman. Aunque aún estaba intrigado con la idea de ser un educador, él rápidamente descubrió que no le gustaban sus clases de educación. A la hora en que se graduó con un título en ciencias sociales, Hernández sabía que quería asistir a la facultad de leyes y continuar trabajando con trabajadores agrícolas. Después de obtener su título de leyes en la University of Washington, Hernández regresó a Hillsboro a un empleo en Oregon Legal Services (Servicios Legales de Oregon), donde permaneció durante tres años. “Estaba representando a los trabajadores emigrantes que se encontraban bajo algunas situaciones bastante difícilesâ€, dijo él. Aunque le gustaron los años que trabajó en Legal Aid Services, Hernández quería pasar más tiempo en un tribunal, y después de haber conocido a alguien a través de un caso que trabajaba para el fiscal del distrito, fue contratado por la oficina del Fiscal del Distrito en 1989. Convirtiéndose en juez Hernández pasó de discutir casos a escucharlos cuando la entonces Gobernadora Barbara Roberts lo nombró como juez del tribunal superior en el Condado de Washington en 1995. En el año 2008, el Presidente George W. Bush designó a Hernández para ser juez federal, pero la sesión de dicho Congreso terminó antes de que él pudiera obtener una Audiencia de Confirmación del Senado. Hernández volvió a encontrar una situación bastante similar cuando el Presidente Barack Obama lo designó para el mismo puesto en julio del año 2010. “Se les acabó el tiempoâ€, recuerda Hernández sin ningún resentimiento sobre ambas de sus primeras dos designaciones. Cuando su designación volvió a surgir de nuevo este año, recién había acabado la elección, y el nuevo Congreso había iniciado su sesión, y Hernández por fin fue confirmado como juez federal del tribunal del distrito en febrero. El empleo aún es muy nuevo para Hernández — está contratando personal y arreglando sus nuevas cámaras — pero sólo unas cuantas semanas después de haber sido confirmado ya está aprendiendo las ventajas y desventajas de su nuevo puesto. Él tiene secretarios legales — tres de ellos — por primera vez en su carrera. Él presidirá lo que él llama una sala de tribunal “bellísima†de alta tecnología que él calcula es como dos veces el tamaño de la del Condado de Washington. Él también tiene un empleo para el resto de su vida; el puesto de juez federal es una designación de por vida. Él nunca más tendrá que recibir una designación ni tendrá que ser reelecto. “Ese asunto ha terminadoâ€, dijo Hernández. “Ya no está sobre la mesa. Nosotros somos verdaderamente independientesâ€. Pero él también tiene que familiarizarse con un nuevo sistema electrónico de archivamiento y debe ajustarse a la seguridad más estricta para los jueces federales, que a veces son el enfoque de actos de violencia. “Hay mucha gente loca por ahíâ€, dijo él, agregando que está aprendiendo a ser más privado sobre su vida personal. “Me estoy tratando de ajustar a ese cambioâ€. Pero, en su mayoría, Hernández tiene la satisfacción de saber que ha llegado a la cumbre de la escalera de su carrera, por lo menos en lo que a él le incumbe. “No tengo ningún deseo de ser nada más que un juez de primera instanciaâ€. Bueno, además de ser un hombre de familia que en su poco tiempo libre disfruta leer, esquiar y pescar. Una copia de la “Art of Angling Journal†(Gaceta del Arte de Pesca con Moscas) — un regalo de un juez del tribunal superior que se jubiló — adorna la mesa de centro en sus aún escasamente decoradas cámaras. La suerte se la debe a una dama llamada Janet En retrospección, Hernández dice que “es muy difícil saber†si él eventualmente hubiera sido un juez federal del tribunal del distrito si Janet Freeman — con la cual aún se mantiene en contacto — no lo hubiera recogido en Hillsboro ese día hace más de 30 años. Pero él sí dice que haber conocido a Freeman fue una “gran oportunidad para m톗 la primera de muchas. “Yo sólo sé que tengo muy buena suerteâ€, dijo él mientras que el sol brilla a través de las enormes ventanas de sus amplias cámaras con vista del centro de Portland. “¿Ser nominado por dos diferentes presidentes de dos diferentes partidos? Eso es tener bastante buena suerteâ€. ¿El veredicto? Fue un camino privilegiado que guió a Marco Hernández al Palacio de Justicia Mark O. Hatfield de los Estados Unidos. Esta historia ha llegado a su conclusión.

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Photo Julie Cortez, El Hispanic News El Juez Marco Hernández dijo que los retrasos en su confirmación como juez federal eran asunto de tiempo, no un estancamiento político. “No creo que yo jamás haya sido considerado como un candidato controversialâ€.